Ten Meter Tower: El corto que muestra el momento justo antes de aventarse un clavado

Ten Meter Tower

Ten Meter Tower es, parte un minidocumental, parte un experimento psicológico.

Sus directores, Maximilien Van Aertryck y Axel Danielson, convocaron a través de Internet a 67 personas que nunca se hubieran lanzado de un trampolín de 10 metros, a hacerlo.

Cada participante recibió €30.00 por su cooperación, a cambio de que pudieran ser grabados en ese momento. El resultado es este atractivo video, exhibido originalmente en el Festival de Sundance y posteriormente, en la página web del New York Times.

¡Splash!

 

¿Qué hago con mis revistas?

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Información en fascículos semanales.

Me gusta mucho leer. Y sobre todo, me gusta mucho leer en papel. (Algunos dirán que estoy mal, otros dirán que soy muy old school). De hecho, como la imagen puede mostrar, soy muy fan de El País Semanal, de BTL Informa y de Merca2.0.

Mi afición por El País Semanal nació por allá del 2009. Dos personas de coordenadas muy distantes en mi vida, me lo recomendaron como lectura. Dicha revista viene adjunta como suplemento semanal al comprar la edición dominical de El País. Y digamos que desde el 2011, soy asiduo lector tanto del periódico como de la publicación.

Por otra parte, debido a cuestiones de trabajo, mes con mes me llegan a mi domicilio las ediciones de Informa BTL y de Merca2.0. Me gusta repasar las páginas de ambas publicaciones, mas o menos desde octubre del 2005. Ya un largo tiempo de esto.

Usualmente cuando estas publicaciones pierden su vigencia, las llevo a vender al kilo de papel y ya. No hay más.

Sin embargo, a últimas me hecho de una filosofía que consiste en:

  • Información que no se comparte, es información que se pierde.
  • Que toda información tiene un tiempo de caducidad.
  • Y que si la información no tiene una vida más allá de una sola persona, no se estará “honrando” (bueno pues, utilizando de manera eficiente), los recursos que se usaron para comunicarla.

Por lo que ha llegado hasta mi la duda existencial: ¿Debo seguir deshaciéndome de estos ejemplares como lo he hecho hasta el momento? o, ¿debería regalarlos para que la información se difunda?

Si nos vamos por el plan A, (deshacerme de las revistas), tenemos el pro de que tengo una pequeña remuneración económica. Misma que si bien no sirve para más allá de comprar los periódicos del mes, sirve.

Pero en contra, se pierde la información.

Si nos vamos por el plan B, (regalarlas), obtenemos el beneficio moral de que la información se difunde.

Pero como tal, pues no gano ni un solo centavo (que vamos, falta no me hacen).

Y entonces. ¿Ustedes qué harían?

Voten en esta encuesta en Twitter y ayúdenme a decidir.

A Hard Day’s Night de The Beatles. El soundtrack de toda una generación

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Con pretexto de celebrar el 50 aniversario de su lanzamiento, (en realidad, cualquier pretexto es bueno), hace poco se re-estrenó, (me parece que por tercera o cuarta vez), A Hard Day’s Night. Aquella primera cinta protagonizada y musicalizada por The Beatles.

Ya saben. El cartel anunciaba lo que dicen siempre en casos como éste, El PadrinoPsicosis o cualquier otra joya que merezca ese título. Que la obra en turno ha pasado bajo un proceso de manita de gato donde les ha quedado de rechupete el tratamiento visual como auditivo.

Cito: “Para festejar este gran acontecimiento, la X cadena de cine trae en exclusiva la película completamente remasterizada…” Y desde aquí ya es de mi cosecha, (entone su mejor voz de locutor de anuncio tomatero y lea…) “Por lo que usted, eterno amante del Cuarteto de Liverpool, no debe dejar pasar la oportunidad de disfrutar de esta obra tal y como se concibió. En su formato para proyección en cines”.

Y sí. Aunque usualmente la publicidad exagera muchas cosas, cual película porno a los miembros más íntimos, esta vez no se equivoca. Ustedes queridos lectores, desquitarán y con mucho gusto, cada centavo pagado por su entrada al cine.

El puro hecho de que se apaguen las luces, la pantalla se ilumine con el reflejo del proyector y comience a correr una película en blanco y negro, tiene su propia mística, magia y romanticismo. Porque, ¡carajo! ¡Les juro que con este tipo de películas hay una emoción especial capaz de poner la piel tan chinita como gallina clueca!

Razones para refinarse esta cinta junto a un cubetón rebosante de palomitas e inundar su mente con endorfinas por una escasa hora y veintisiete minutos, hay muchas. Pero no nos vayamos a cuestiones existenciales. Andemos como dicen por ahí, paso a pasito.

1. Su valor cultural

De entrada, la película figura con una cantidad ingente de títulos y recomendaciones. De las más sobresalientes: ser una de las las 100 mejores películas del siglo XX asegún el British Film Institute. Cuestión en la que coincide también la revista Time, por ejemplo. Ubicándola así, también dentro de las 100 mejores películas de todos los tiempos.

Entonces, si tiene tanto premio y está en cuanta lista de la crítica (que se supone es gente que le sabe), por algo ha de ser, ¿no? Digo, empezando por ahí…

2. Su soundtrack

Y que es en lo que en esta sección nos truje, Chencha.

Para ser los Beatles, que en esa época eran un manantial inagotable de canciones y canciones (bueno, siempre lo fueron, pero en esa época, más…), resulta muy curioso que no hayan escrito canciones específicamente para la película. Cosa que sí pasó con Help, su siguiente filme.

Aquí la banda sonora se compone por una mezcla bien balanceada de canciones. En su mayoría, pertenecientes al álbum homónimo a la cinta (A Hard Day’s Night, 1964), el cual estaba por salir en esos días. Algunos otros temas de su disco anterior en esa época (With the Beatles, 1963). Y finalmente, un par de sencillos de esas fechas con mucho punch, como es el caso de She Loves You.

El audio está remasterizado bajo la supervisión de nada más y nada menos que por Giles Martin, quien como se imaginarán es hijo de George Martin. Lo cual de alguna manera es una garantía, ya que el ahora Don Productor, se la pasaba jugando de chiquito en el estudio de grabación mientras su padre les enseñaba a los Fab Four dos o tres trucos de producción musical.

Como se imaginarán cada una de las canciones resulta un tesoro. Sobre todo cuando hacen gala de un audio completamente pulido. Su frescura, tono jocoso y ritmo pegajoso, nos hacen pensar que casi casi, fueron grabadas el día de ayer.

Muy por aparte del tema del sonido, los catorce temas que componen este soundtrack son ya clásicos inmortales en la historia de la música. Del conjunto total, once son interpretadas por The Beatles y las tres restantes, son arreglos de George Martin basados en algunas canciones del grupo con la mera finalidad de servir como score.

Si nos ubicamos en un contexto histórico, podemos notar que los temas musicales son muy de su etapa sha-la-lá (como me gusta decirle). Esas en las que a leguas se escucha su tono juguetón, letras basadas en historias de amor adolescente y mucho desparpajo.

Es así como a lo largo de la historia encontramos rolones como I Should Have Known Better, I Wanna Be Your Man, Don’t Bother Me, All My Loving, If I Fell, Can’t Buy Me Love, And I Love Her, I’m Happy Just to Dance With You, Tell Me Why, She Loves You y la mismísima A Hard Day’s Night. Todas y cada una, ampliamente disfrutables.


3. La película en sí

La historia dirigida por Richard Lester, es en resumen, un episodio ficticio en la vida del grupo por aquellos años. Mitad documental, mitad comedia juvenil, la trama muestra “un día en la vida” del conjunto, mientras se la pasaban yendo de concierto en concierto y de recepción en recepción.

Con el paso del tiempo la película ha trascendido gracias a que se ha convertido en un referente a muchas otras cosas posteriores. Por ejemplo, es un clara precedente a los videoclips musicales que vendrían tiempo después.

Pero quizás su verdadero valor radique en que, es el reflejo de una época hoy nostálgica, inocentona y que aunque al principio parecía bastante sosa, terminó siendo sumamente idealista. Como tal, la música que acompañó a dicha generación, es como lo menciona el título del artículo, parte del soundtrack de las vidas de muchas personas. Primero de quienes lo vivieron y después, en innumerables veces, un gusto heredado de generación tras generación.



De los Beatles nos podemos pasar siglos haciendo minuciosos y sesudos análisis de su vida y obra. Que si son la mejor banda del mundo, que si no lo son. Que si John, que si Paul, que si George, que si la nariz de Ringo… ¡En fin! Lo que ustedes gusten y manden.

Al parecer por cada fan from hell de la banda existe un detractor a muerte del grupo. Eso de alguna manera equilibra las cosas, porque el amplio y enorme (léase aquí entonando enooorme… ) grueso de la gente no son ni una, ni la otra cosa. Simplemente los han escuchado por lo menos alguna vez en su vida y seguramente (nuevamente, sin miedo a caer en exageraciones), les gusta al menos “una” composición del cuarteto.


Cortemos aquí este artículo pues y dispongámonos primero de ir al cine y después de escuchar este testimonio musical. Mismo que ha aguantado el paso del tiempo como los buenos vinos y los mejores caldos de gallina. Es decir, con el paso del tiempo es mejor y siempre dejándonos con un buen sabor de boca.

Por favor no se olviden de comentar, seguirnos en Twitter como @Noiseland_VG o dar like en nuestra página de Facebook. El que aquí escribe es @ElDrBoris. Hasta el siguiente soundtrack.

Este texto fue publicado originalmente como una colaboración para  Noiseland VG.

Birdman (o la inesperada virtud de un soundtrack maravilloso)

Birdman Soundtrack

Hace algunos días, justo aquí en Noiseland VG, les recomendamos que fueran corriendo al cine a ver Birdman. El más reciente filme de Alejandro González Iñárritu, (el cual por cierto, ahora firma “a la gringa”, Alejandro G. Iñarritu), es una cinta que sin ánimo de echar flores así porque sí, se muestra como una joya con amplias posibilidades de convertirse en una peli de culto.

Ahora bien, cuando hablamos de soundtracks es muy importante aclarar que el uso de éste, puede llegar a niveles insospechados dependiendo la voluntad del director. Cuántas veces no nos hemos topado con películas que tienen música meramente de relleno, como también historias donde las canciones o el score se vuelven parte fundamental de la historia misma.

Dicho lo anterior, el soundtrack de Birdman es una de esas bandas sonoras que está sumamente ligada al desarrollo de la trama. Desde el inicio hasta los créditos finales, como por supuesto también en los momentos clave, la ejecución de batería que compone el 95% del soundtrack marca el ritmo de cada secuencia. Iñárritu tuvo un gran acierto en elegir a Antonio Sánchez para perpetrar la complicada labor de muscalización.

Y si a estas alturas se preguntan quién demonios es el buen Antonio, déjenme les digo que hoy por hoy es uno de los mejores bateristas mexicanos y una de las más grandes promesas del jazz internacional. Por si creen que estoy exagerando, les recomiendo que chequen el concierto que dio hace poco como parte de la banda de Pat Metheny en el Riviera Maya Jazz Festival 2014.

La música que conforma la banda sonora es, al igual que su contraparte fílmica, una chulada. Tal vez, uno de entrada podría pensar que un score de “free jazz percusivo” podría ser algo difícil de digerir. Sin embargo, esto queda como un simple prejucio musical. Los intermitentes solos de batería van de la mano de los altibajos emocionales del buen Birdman.

De igual manera ustedes me dirán, “¡es que casi dos horas de jazz son mucho!”. Ese sería otro gran error. Cada pieza muscial está acomodada tan estratégicamente en las escenas que pareciera que el soundtrack no se detiene. Sin embargo, el tracklist apenas rebasa la hora de duración y cada pieza, acaso alcanzará los tres minutos.

El resto de la banda sonora es magníficamente aderezado por una selección de música clásica. En lo que corresponde a esta parte encontraremos a artistas de la talla de la Polish National Radio Symphony Orchestra, John Adams, la Stuttgart Radio Symphony Orchestra y la Wiener Philharmoniker acompañada de Violeta Urmana y Pierre Boulez. Todos y cada uno haciendo lo que mejor saben hacer: ejecutar con maestría su parte melódica.

Bueno niños y niñas, caramelos y bolitas. Ya tienen argumentos de más para reventarse este magnífico álbum. Como tip, deléitense escuchando cada detalle de la obra, entre ellos el silbato de un carrito de camotes y la bocina grabada con aquel grito de “tamales oaxaqueños calientitos…” ¡Ay papel!

Y para que no digan que no se las ponemos fácil, escuchen el soundtrack completo en Spotify.

Este texto fue publicado originalmente como una colaboración para  Noiseland VG.

Alfred Hitchcock y su peculiar manera de interpretar las miradas

Hitchcock_eyes

A estas alturas está de sobre decir que Alfred Hitchcock es uno de los grandes maestros del cine. Su sobrenombre de el maestro del suspense, lo tiene ganado a pulso gracias a cada una de sus obras.

Por cierto, un deleite de éstas, es poder admirar cada uno de los detalles circunstanciales que envuelven las secuencias principales. Este es el caso de este video a forma de recopilación-análisis-tributo, donde el foco esencial se centra en las miradas de los personajes.

Dicha edición lleva por nombre “Eyes of Hitchcock“, la cual ve la luz de la mano del director y editor ::kogonada para The Criterion Collection. La música se titula “Anything can happen, and usually does… On the Orient Express” y corre por parte de Rob Cawley.

Lo dicho, un deleite.

Eyes of Hitchcock from Criterion Collection on Vimeo.