25 canciones en 25 días. Día 8

Y poco a poco proseguimos con esta playlist compuesta por 25 canciones.

Día 8: Una canción que me recuerde a “mi primer amor”.

Por lo que dado el tema de hoy, es necesario ponerse subjetivos, filosóficos y existencialistas. Porque, ¿cuál es el “primer amor“? ¿La primer niña que me gustó?, ¿la chica con la que tuve mi primer beso?, ¿mi primer novia en la escuela?, ¿la chica que siempre me gustó pero nunca se lo dije?, ¿la primer chica a la que le dije que la amaba?

¿Cuál de todas esas posibilidades es la correcta?

Cuál de todas esas opciones en el abanico es la que hace un poco de justicia. Si el caso fuera tomado en orden cronológico, entonces “mi primer amor” sería la niña que me gustaba en el kinder. (Disculpen ustedes consciencias políticamente correctas…)

Sólo que, ¿saben qué? De esa chica en específico no hay una canción que me la recuerde. ¡Menudo problema! Pero hagamos un trato, se las catafixio por una historia más emocionante telenoveleramente hablando. Qué tal si hacemos un pacto entre ambos, ustedes queridos lectores y yo quien aquí escribe. Qué tal si mejor les pongo la canción de esa chica de la que estuve enamorado y jamás lo supo.

Misma que viene siendo, “Girl from the North Country” de Bob Dylan.

El nombre de la chica en cuestión es Cindy. Y si quieren conocer más a fondo su historia, les recomiendo que lean este texto. El cual, muy amablemente me dejó publicar en su blog “Marmurio” hace algunos años, mi querido Doppelgänger G21. (A quien le enviamos un abrazo interplanetario, si es que de casualidad está leyendo esto).

Sepan que tiempo después de lo ahí narrado, sí logré encontrar a Cindy. Sin embargo, ya no la contacté. Como suele suceder en estos casos, la persona que uno conoció en un momento ya no es la misma que vuelves a encontrar.

Entonces decidí quedarme con el recuerdo.

Porque como bien decía Charles Dickens en “Grandes Esperanzas“, (más o menos), “las historias no son como sucedieron, sino como uno las recuerda“. Y sí, prefiero quedarme con esa chica de la que me enamoré y que jamás lo supo.

Girl from the North Country” data del segundo álbum de estudio del legendario Bob Dylan, “The Freewheelin’ Bob Dylan“. Tal cual se puede apreciar, la canción es un homenaje de Dylan a una ex-novia. Una oda a una chica que ya se fue, en una historia que no se dio, pero que sin más, termina siendo un grato recuerdo.

Ahora todo tiene sentido, ¿cierto?

La historia de la canción es un poco complicada, pero ahí les va. La letra se refiere originalmente a Echo Helstrom, una chica que Dylan conoció antes de mudarse a Nueva York. Después en un lapso de tiempo, Dylan mantuvo otra relación con otra chica, de nombre Suze Rotolo. Rotolo estuvo algún tiempo separada de Dylan, viviendo en Europa. Dylan se dispuso a reencontrase con Rotolo, por lo que viajó primero a Inglaterra y después a Italia.

Sin embargo, en ese lapso, mientras Dylan acababa de llegar a Europa, Rotolo regresó a Nueva York, sin que la reunión fuera posible. Dylan pensó entonces que su relación con Rotolo había terminado, por lo que en un momento de soledad compuso los fragmentos finales de la canción.

A su vuelta a Nueva York, Dylan buscó a Rotolo y la convenció de mudarse nuevamente con él. De ahí que la portada del disco sea Dylan abrazando a una chica. La chica acurrucada con Dylan es Rotolo, ambos de camino a su departamento en Nueva York. Fue así como la canción quedó terminada para diciembre de 1962, aunque aparecería en un álbum hasta 1963.

The Freewheelin' Bob Dylan
La portada donde aparecen Rotolo y Dylan.

Algunos cronistas musicales cuentan que en este viaje a Europa, Dylan conoció a muchos cantantes de folk tradicional en Inglaterra. Es así que esta grabación en particular, tome muchos elementos de canciones inglesas tradicionales. Por ejemplo, “Scarborough Fair“, de la que retoma la melodía y “toma prestados” los versos “Remember me to one who lives there, for she once was a true love of mine…

Por cierto, en el álbum “Nasville Skyline“, también de Dylan, existe una re-grabación del tema a dúo con otra leyenda, Johnny Cash. Misma que en mi personal punto de vista, se me hace mucho mejor que la versión original. (Y off the record, esta otra versión me recuerda a otra chica, por motivos similarmente distintos…)

Y para el recuerdo, aquí les dejo “Girl from the North Country” de Bob Dylan.

¡Sigan la lista completa en Spotify! ¡Ahí va, ahí va!…

A Hard Day’s Night de The Beatles. El soundtrack de toda una generación

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Con pretexto de celebrar el 50 aniversario de su lanzamiento, (en realidad, cualquier pretexto es bueno), hace poco se re-estrenó, (me parece que por tercera o cuarta vez), A Hard Day’s Night. Aquella primera cinta protagonizada y musicalizada por The Beatles.

Ya saben. El cartel anunciaba lo que dicen siempre en casos como éste, El PadrinoPsicosis o cualquier otra joya que merezca ese título. Que la obra en turno ha pasado bajo un proceso de manita de gato donde les ha quedado de rechupete el tratamiento visual como auditivo.

Cito: “Para festejar este gran acontecimiento, la X cadena de cine trae en exclusiva la película completamente remasterizada…” Y desde aquí ya es de mi cosecha, (entone su mejor voz de locutor de anuncio tomatero y lea…) “Por lo que usted, eterno amante del Cuarteto de Liverpool, no debe dejar pasar la oportunidad de disfrutar de esta obra tal y como se concibió. En su formato para proyección en cines”.

Y sí. Aunque usualmente la publicidad exagera muchas cosas, cual película porno a los miembros más íntimos, esta vez no se equivoca. Ustedes queridos lectores, desquitarán y con mucho gusto, cada centavo pagado por su entrada al cine.

El puro hecho de que se apaguen las luces, la pantalla se ilumine con el reflejo del proyector y comience a correr una película en blanco y negro, tiene su propia mística, magia y romanticismo. Porque, ¡carajo! ¡Les juro que con este tipo de películas hay una emoción especial capaz de poner la piel tan chinita como gallina clueca!

Razones para refinarse esta cinta junto a un cubetón rebosante de palomitas e inundar su mente con endorfinas por una escasa hora y veintisiete minutos, hay muchas. Pero no nos vayamos a cuestiones existenciales. Andemos como dicen por ahí, paso a pasito.

1. Su valor cultural

De entrada, la película figura con una cantidad ingente de títulos y recomendaciones. De las más sobresalientes: ser una de las las 100 mejores películas del siglo XX asegún el British Film Institute. Cuestión en la que coincide también la revista Time, por ejemplo. Ubicándola así, también dentro de las 100 mejores películas de todos los tiempos.

Entonces, si tiene tanto premio y está en cuanta lista de la crítica (que se supone es gente que le sabe), por algo ha de ser, ¿no? Digo, empezando por ahí…

2. Su soundtrack

Y que es en lo que en esta sección nos truje, Chencha.

Para ser los Beatles, que en esa época eran un manantial inagotable de canciones y canciones (bueno, siempre lo fueron, pero en esa época, más…), resulta muy curioso que no hayan escrito canciones específicamente para la película. Cosa que sí pasó con Help, su siguiente filme.

Aquí la banda sonora se compone por una mezcla bien balanceada de canciones. En su mayoría, pertenecientes al álbum homónimo a la cinta (A Hard Day’s Night, 1964), el cual estaba por salir en esos días. Algunos otros temas de su disco anterior en esa época (With the Beatles, 1963). Y finalmente, un par de sencillos de esas fechas con mucho punch, como es el caso de She Loves You.

El audio está remasterizado bajo la supervisión de nada más y nada menos que por Giles Martin, quien como se imaginarán es hijo de George Martin. Lo cual de alguna manera es una garantía, ya que el ahora Don Productor, se la pasaba jugando de chiquito en el estudio de grabación mientras su padre les enseñaba a los Fab Four dos o tres trucos de producción musical.

Como se imaginarán cada una de las canciones resulta un tesoro. Sobre todo cuando hacen gala de un audio completamente pulido. Su frescura, tono jocoso y ritmo pegajoso, nos hacen pensar que casi casi, fueron grabadas el día de ayer.

Muy por aparte del tema del sonido, los catorce temas que componen este soundtrack son ya clásicos inmortales en la historia de la música. Del conjunto total, once son interpretadas por The Beatles y las tres restantes, son arreglos de George Martin basados en algunas canciones del grupo con la mera finalidad de servir como score.

Si nos ubicamos en un contexto histórico, podemos notar que los temas musicales son muy de su etapa sha-la-lá (como me gusta decirle). Esas en las que a leguas se escucha su tono juguetón, letras basadas en historias de amor adolescente y mucho desparpajo.

Es así como a lo largo de la historia encontramos rolones como I Should Have Known Better, I Wanna Be Your Man, Don’t Bother Me, All My Loving, If I Fell, Can’t Buy Me Love, And I Love Her, I’m Happy Just to Dance With You, Tell Me Why, She Loves You y la mismísima A Hard Day’s Night. Todas y cada una, ampliamente disfrutables.


3. La película en sí

La historia dirigida por Richard Lester, es en resumen, un episodio ficticio en la vida del grupo por aquellos años. Mitad documental, mitad comedia juvenil, la trama muestra “un día en la vida” del conjunto, mientras se la pasaban yendo de concierto en concierto y de recepción en recepción.

Con el paso del tiempo la película ha trascendido gracias a que se ha convertido en un referente a muchas otras cosas posteriores. Por ejemplo, es un clara precedente a los videoclips musicales que vendrían tiempo después.

Pero quizás su verdadero valor radique en que, es el reflejo de una época hoy nostálgica, inocentona y que aunque al principio parecía bastante sosa, terminó siendo sumamente idealista. Como tal, la música que acompañó a dicha generación, es como lo menciona el título del artículo, parte del soundtrack de las vidas de muchas personas. Primero de quienes lo vivieron y después, en innumerables veces, un gusto heredado de generación tras generación.



De los Beatles nos podemos pasar siglos haciendo minuciosos y sesudos análisis de su vida y obra. Que si son la mejor banda del mundo, que si no lo son. Que si John, que si Paul, que si George, que si la nariz de Ringo… ¡En fin! Lo que ustedes gusten y manden.

Al parecer por cada fan from hell de la banda existe un detractor a muerte del grupo. Eso de alguna manera equilibra las cosas, porque el amplio y enorme (léase aquí entonando enooorme… ) grueso de la gente no son ni una, ni la otra cosa. Simplemente los han escuchado por lo menos alguna vez en su vida y seguramente (nuevamente, sin miedo a caer en exageraciones), les gusta al menos “una” composición del cuarteto.


Cortemos aquí este artículo pues y dispongámonos primero de ir al cine y después de escuchar este testimonio musical. Mismo que ha aguantado el paso del tiempo como los buenos vinos y los mejores caldos de gallina. Es decir, con el paso del tiempo es mejor y siempre dejándonos con un buen sabor de boca.

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Este texto fue publicado originalmente como una colaboración para  Noiseland VG.